domingo, 18 de julio de 2010

H*A*D*A*S, NUEVA ENTREGA

VII

Negro, Listado y Blanco despertaron casi al mismo tiempo. Estaban acostados sobre un piso de madera y pronto se dieron cuenta que había barrotes alrededor de ellos. Jaulas. “Nos atraparon los cazadores de carne”, susurraron temerosos Blanco y Negro. “No, no creo, esto es otra cosa. Aunque sean jaulas, están demasiado limpias y percibo que somos los únicos aquí que estamos encerrados”, opino Listado tranquilizador.

Los tres gatos se quedaron inmóviles. Escucharon que alguien se acercaba a ellos.

“¿Siguen dormidos?”, se escuchó una pregunta.

“Sí, aunque hace rato que debieron haber despertado”, se oyó la respuesta.

“¿Estarán heridos, enfermos? ¿Les habremos dormido demasiado? Ya ves que los gatos son muy delicados con esas cosas”, comentó alguien más.

Los gatos involuntariamente segregaron olores de intriga. “¿Enanos?”, preguntó Blanco.
“No, los enanos no existen”, aseguro vehementemente Negro. “Esa es una leyenda, un cuento para dormir cachorritos”.

“¡Silencio!”, ordenó Listado. “Ellos nos pueden oír”.

Efectivamente, los habían escuchado.

+++

“¡No somos enanos, somos humanos!”, rugió una voz decididamente de enano.

Los tres gatos se irguieron en la jaula. Su estatura superior a los dos metros era bastante mayor que la de sus captores. Además, esas barbas largas, esas voces y ese olor decididamente eran de enanos... o de algún otro ser mitológico.

“Somos humanos, los humanos primordiales de los que surgieron todas las demás razas como ustedes”, declaró un enano sin barba y todavía más bajo que el primer enano.

Los gatos trataron de lanzarse sobre ellos, pero no pudieron moverse. Estaban fijos en su lugar por algún hechizo que paralizaba sus sistemas nerviosos.

“Vamos a liberarlos porque necesitamos hablar, pero no deben atacarnos, sería inútil y entonces sí le provocaríamos dolor”, aseguró un tercer enano barbado.

Los gatos sintieron que sus músculos se relajaban y decidieron escuchar. Por sobre todas las cosas, eran extraordinariamente curiosos y esos seres pequeños les llamaban la atención.

“¿Humanos? --preguntó Negro--. ¡Vamos! Si los enanos son una fantasía, los humanos son menos que eso...”

“No es cierto --interrumpió Listado--. Los humanos existieron, pero creíamos que habían dejado los mundos de Fantasía hace mucho, mucho tiempo".

“¿Quiénes creían?”. preguntó Blanco.

“El Consejo de Ancianos de los Gato, claro”, aseguró Listado.

Negro y Blanco se miraron uno al otro llenos de asombro. Su compañero no sólo era un gato viejo más, era un Anciano, ¡y ellos siempre lo habían tratado como un gato más!

“Si ya terminaron de charlar entre ustedes, tenemos mucho que hacer y poco tiempo”, gruñó malhumorado el primer enano.

Rápidamente les contaron la historia. Los enanos, o humanos como ellos insistían en llamarse, efectivamente habían dejado Fantasía hacía mucho tiempo. Al fin y al cabo eran un pueblo de exploradores y había poco que buscar en el sistema. Sin embargo, aparentemente no todos se habían ido. Se quedaron algunos, quienes poseían los conocimientos de todos los encantos y procedimientos para crear terror.

Durante muchos años, se habían conformado con Fantasía, pero ahora querían expandirse a otros sistemas, y los humanos estaban dispuestos a ir a la guerra para impedirlo... pero no podían hacerlo directamente. Miles de tratados y conjuros lo impedían y además, estaba la Cláusula Secreta. No, definitivamente ellos no podían intervenir demasiado. De hecho, salvar a los tres Gato de la emboscada había sido una intromisión muy grande.

Lo que harían sería reacondicionar a los Gato, equiparlos y brindarles algunas ventajas para la larga marcha que tendrían que hacer para atacar al maligno centro de poder de las brujas. Sería una operación simple y sin mayor derramamiento de sangre.

“¿Y por qué habríamos de pelear las guerras que ustedes, evidentemente cobardes, no quieren pelear?”, preguntó beligerante Negro.

“Déjenos en paz, tenemos que proteger a los nuestros”, pidió Blanco.

“Hay muchas cosas que ustedes, los enanos, callan”, aseguró Listado.

“Efectivamente, hay cosas que callamos porque no podemos decirlas. Ustedes tendrán que descubrir por su cuenta lo que no podemos decir. Y no somos cobardes, al contrario, pero si nos enfrentamos con las brujas lo más probable es que desapareciera todo el Sistema de Fantasía, con sus tres mundos habitados, los 27 deshabitados y sus dos soles. No, esta guerra que también es suya, deben pelearla ustedes por el bien de todos”, explicó el segundo enano.

“Miren”, ordenó el primer enano.

Los tres gatos se acercaron a la ventana holográfica y vieron filas de gatos, mujeres, ancianos, niños, acarreados hacia las naves de los cazadores de carne, flanqueados por O*R*C*O*S, H*A*D*A*S y otras abominaciones. La ciudad de los gatos, al fondo, ardía.
Los tres gatos quedaron estupefactos.

“Esto está ocurriendo en el mundo Alicia en este preciso instante”, aseguró la enana.
Listado murmuró entonces uno de los cánticos del Libro de Margarita:

...y por fin entraron en la ciudad antigua, en la ciudad amorosamente construida y cuidada. arrasaron con las esculturas centenarias, se orinaron en los vasos sagrados, pisotearon los retratos queridos, vomitaron los recuerdos. no conformes, rasgaron la piel, laceraron las carnes y bebieron la sangre de la ciudad derrotada, hicieron escarnio de su antigua belleza, la despojaron de toda dignidad...

“Los ayudaremos, díganos que tenemos que hacer”, murmuró al final de la recitación. Negro y Blanco asintieron. “Sí, díganos qué hacer”.

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