jueves, 20 de agosto de 2009

In memoriam


Esta ponencia se leyó en la Universidad Anáhuac Norte hace ya varios meses. La publico ahora porque creo que es el momento.

Preparo, redacto y leo esta breve ponencia en homenaje a Ocatvio Paz y a José Vasconcelos precisamente en medio de una crisis personal estremecedora.

Sé que algunos pensarán que abuso de la audiencia por decirlo, pero mi hermano Guillermo, un hombre joven y bueno, agoniza víctima del cáncer mientras que mis padres ancianos y enfermos, malgastan sus energías menguantes tratando de comprender el sinsentido de que un hijo pierda la vida.

Ante esta tragedia, les aseguro, paciente auditorio, que estuve a punto de cancelar mi participación en este coloquio. Sin embargo, decidé no hacerlo porque, de maneras directas e indirectas, yo debo lo que soy, mi comprensión del mundo y mi sensibilidad a intelectuales como Vasconcelos y Paz.

Mis papás nos criaron en un mundo de letras, de pensamientos, de ideas. Desde muy pequeños aprendimos de las largas discusiones que sostenían mi papá --vasconcelista aferrado--, mi mamá --escéptica fervorosa-- y mi abuelo --antivasconcelista recalcitrante-- que se puede estar en desacuerdo sin que esto implique una pelea. Muchos años más tarde pude ser testigo de una historia similar cuando escuchaba al académico Tarcisio Herrera discutir sobre la supuesta mala fe de Octavio Paz en torno a Sor Juana y que la amistad de mi padre con él se mantuviera.

Estoy seguro que mucho más allá de sus ideas, brillantes en muchos casos, turbadoras en otros y dicutibles en algunos, el valor de Paz y Vasconcelos para la cultura mexicana es su pasiòn, su creencia en el poder de los libros, de las ideas, de la educación.

Cuando a Vasconcelos se le censuraba que se pusieran libros al alcance de las personas “porque se los iban a robar”, el filósofo aseguraba que era dinero bien invertido y que no se trataba de un robo, sino de una oportunidad para llevar conocimiento al pueblo.

Paz, a pesar del canto de las sirenas de los medios masivos, se mantuvo fiel a su esencia en la publicaciòn de libros, revistas y todo tipo de material escrito. Ambos combatieron, con gran éxito, la creencia generalizada de que la inteligencia es peligrosa o, al menos, rara, que el mundo es mejor cuando no piensa.

Alguna vez, otro escritor, Isaac Asimov reflexionó sobre la manera en que novelistas y cuentistas de ciencia-ficción abordan la inteligencia. El escritor lamentaba que personas evidentemente inteligentes opinaran en sus obras que esta cualidad es peligrosa o, al menos, sospechosa.

Veámoslo, si no, en los estereotipos. Los genios son distraídos, sucios, dispersos. Hacen descubrimientos por casualidad y, generalmente, son inútiles; además, contradiciendo a la genética, nunca pueden encontrar pareja, son amargados y escuchan música clásica (o, más recientemente, rock alternativo). Aunque a veces el escenario es todavía peor: los inteligentes son malévolos, destructores, inhumanos incluso.

La sociedad mexicana se regodea con estos prejuicios, califica a los intelectuales de todo lo que se les ocurra: raros, antimexicanos, peligros para la juventud, dolores de cabeza. Ya en su tiempo, José Vasconcelos combatió estos estereotipos al declarar: "La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral."

En la vida real (o cotidiana, mejor dicho), tampoco vemos muy bien que digamos a la gente inteligente. Nerds, freaks, matados, ñoños... los epítetos son infinitos, ridículos y, muchas veces, insultantes. Y por si fuera poco, ni siquiera los maestros, padres de familia o estudiantes universitarios graduados nos libramos de hacerlo. Por el contrario, muchos de nosotros nos hacemos cómplices de la mediocridad y la estulticia al humillar a los inteligentes, a los estudiosos, a los inquisitivos.

Cultivamos mitos peligrosos y perversos como aquél de que lo que importa es aprender, no las calificaciones, y así mantenemos generaciones enteras de estudiantes de 7.5. Salvo casos excepcionales, como Bill Gates o Albert Einstein, la inmensa mayoría de las personas que tienen antecedentes universitarios y tienen algún éxito fueron estudiantes de, al menos, 8 de calificación y todos realmente se dedicaron a lo que les interesaba, fueron creativos y estudiaron. Mucho, además.

Por otro lado, pocos han pensado que la inteligencia es realmente sexy. Nada mejor que tener como pareja a alguien con quien se pueda platicar, discutir, intercambiar puntos de vista; una pareja con las que las peleas sean verdaderos intercambios, no simples discusiones absurdas y estériles. Y lo mismo puede decirse de la amistad. Si no puedes platicar con tus amigos, enriquecerte con ellos, ¿para qué los quieres?

Yo sostengo, y estoy seguro que Octavio Paz, para quien Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio”, que mucho de este miedo a la inteligencia proviene y lo fortalecen, precisamente, quienes no quieren que cambien las cosas porque sacan provecho de ellas como están.

Como les compartía antes, este es un momento de crisis personal y en un supremo acto de egolatría quisiera que fuese un momento de crisis para todos, un momento donde nos diéramos cuenta que en México hemos tenido la gente, los pensadores y los modelos, que los mexicanos podemos, debemos, ver lo grande que ha dado nuestro pueblo, y empezar a valorar nuevamente la inteligencia, la cultura, el libro.


viernes, 7 de agosto de 2009

Lázara

I want you
I want you so bad
I want you
I want you so bad
It's driving me mad
It's driving me mad
(de The Beatles, pero en la versión de
Anderson, Fuchs, Carpio)


Siempre me ha dado miedo dormir solo. No es que no me guste, es miedo. ¿A qué? No estoy seguro. Tal vez a no despertar, tal vez a enfrentarme a los terrores que habitan en la noche. No sé, ni pienso ir con un psicólogo para averiguarlo. Simplemente me da miedo, punto.
Por eso muchas veces he enamorado desconocidas para que me acompañaran y durmieran conmigo. Literalmente. Por eso, también, muchas veces más pagué a jóvenes y maduras por unos minutos de sexo y por horas de compañía nocturna.
Ahora no lo hago más… bueno, casi nunca. Ahora prefiero la compañía de Lázara. No me importa que huela mal, que se quiera apropiar de toda la cama y que cuando come de más se tire los pedos más asquerosos que uno se pueda imaginar.
La prefiero porque sé que ella me acompaña porque quiere y me cuida porque se le da la gana. A cambio, sólo tengo que rascarle su cabezota llena de pelos rubios, darle agua y comida… y destinarle el asiento trasero de la doble cabina para ella.
Lázara, por supuesto, es una perra; de hecho, es una perra grande, amarilla, sin raza definida. La encontré hace años en una gasolinería. Unos tipos más ociosos que borrachos tenían acorralada a la perrita de unos tres meses entre un refrigerador viejo de cocacola y la pared. Ella les gruñía y les enseñaba los dientes.
Mi “dejen esa perra, cabrones” no les impresionó. Voltearon a verme, me midieron y supusieron que no enfrentaba demasiado riesgo para ellos. Al fin eran tres y tenían palos y una navaja.
“Mejor primero te abrimos a ti, puto”, me respondieron. Realmente lo hubieran podido hacer cagados de la risa, si en la mano derecha, oculta por la chamarra, no hubiera traído lista para usar uno de mis amuletos: una Smith&Wesson calibre .38. No gran cosa, pero suficiente para destrozar las rodillas de los dos primeros cabrones antes que supieran de que iba ese baile. Me confié un poco y no me di cuenta que el tercero, por puro pánico, se me aventó y la navaja me abrió un tajo de 10 centímetros en el antebrazo izquierdo.
Yo soy putísimo para el dolor y esa cortada me dolió de a madres, así que ya no disparé a las piernas, sino que los dos tiros restantes fueron al cuerpo del idiota con la navaja. Pobre güey, no andaba de suerte y los tiros dieron en el hígado. La sangre casi negra lo indicaba, como me había explicado una vez Edgar, a quien los soldados habían atrapado en un baile en no sé qué pueblo de Centroamérica y había pasado tres años como soldado regular peleando en montañas selváticas asquerosas, y se había vuelto experto en muertes cruentas y dolorosas.
Mientras el herido en el hígado se quejaba quedito, los otros dos me miraban asustados. Y con razón. Las situación se había salido de cualquier control y no podía dejarlos vivos, no era saludable, no tanto por temor a una policía que probablemente jamás aparecería, sino por la venganza de sus amigos de alguna mara local al reconocerme, así que les corté el cuello con mi cuchillo victorinox de caza. El filo de 15 centímetros resultó misericordioso, pues el tajo fue rápido. El otro tipo no tardaría en morir, cuando mucho, le quedaban 20 o 25 minutos, así que lo dejé para que reflexionara sobre su vida.
Me vendé el brazo y recogí a la perrita, que se dedicó a lamer la sangre que rezumaba de las vendas y a llenarme de pulgas. La herida me dolía mucho, pero no era cosa de ir al primer doctor, así que subí a la camioneta, puse a Lázara en el asiento trasero –desde el primer momento se apropió tanto del nombre como del lugar-- y manejé 248 kilómetros por el desierto hasta llegar a otro estado.
Allí busqué un veterinario del que me habían platicado. Era bueno, pero le gustaba demasiado el trago y el dinero fácil. Y tenía prioridades muy claras. Primero atendió a Lázara, la bañó, desparasitó, espulgó, le dio vitaminas y la vacunó contra mil enfermedades; sólo después que terminó, me inyectó con una jeringa monstruosa antivirales de amplio espectro, penicilinas de tercera generación y me puso una anestesia local tan potente que me hizo pensar en canciones de Jerry García.
La costura de la herida no fue una obra maestra, pero ahora está más o menos oculta por un tigre de bengala en honor de una de las personas que me mantienen con vida.
Le pagué el veterinario casi mil dólares y una botella de Jack Daniel’s. Él, a cambio, me dio una bolsa grande de eukanuba para cachorros, un collar con exvotos de la santa muerte, malverde, marx y jim morrison para Lázara y nos dejó más o menos sanos. Ah, y nos permitió dormir en su recámara una semana, mientras él se iba a gastar al otro lado de la frontera el dinero ganado.
Han pasado cuatro años y no nos ha ido mal. Yo sigo teniendo miedo a la noche, pero Lázara lo sabe y me acompaña. Es un buen arreglo, mejor que cualquier otro que hubiera podido imaginar.

viernes, 31 de julio de 2009

*N*A*C*O*

“¿Qué que es naco? ¿Y tú me lo preguntas? Naco eres tú”. Con la paráfrasis a un poema de Gustavo Adolfo Bécquer establecemos la esencia de lo naco. Naco es el otro, el diferente, el que no nos gusta... pero no sólo eso. Es el diferente, sí, pero es el que consideramos inferior.

Naco es el de mal gusto, poca cultura, escasa inteligencia. Naco es el corriente, claro, pero no tanto por elección personal, sino porque así le toco. Lo naco es algo cultural (cuando es elección personal, generalmente no será naco, sino gato, por cierto, otra expresión refinadamente clasista/racista).

Porque naco es el indio, el totonaco. No hay que ir más lejos. Luego de la mentada de madre, el peor insulto para los naturales de un país que se llena la boca con lo azteca, lo Cuauhtémoc y el extraño orgullo de pueblo conquistado, es nada menos que indio. Contra el “pinche indio” no hay defensa, no hay salida.

Entonces, si el naco es el diferente, pero de baja calidad, podemos afirmar que la televisión en su inmensa mayoría (claro, estoy hablando de la televisión abierta, no seas naco) es naca. De “La escuelita de Ortiz de Pinedo”, a las nuevas telecomedias; de los programas de chismes del espectáculo a los noticiarios. Es naco, corriente, de mal gusto, hecho al aventón, total, ellos compran cualquier cosa, se conforman con lo que sea.

Calificar como naco implica descalificar al sujeto. ¿Para qué darles margaritas a los puercos? Vamos, para qué pensar siquiera en contenidos, cuando es más fácil adaptar cualquier programa extranjero y buscarle novia un júnior de la familia Ibarra, quien se pasea por las calles defeñas en un Ferrari negro (y digo, si es no es naco, no sé qué lo sea).

Sí, porque ser naco implica no hacer esfuerzo, significa no querer más que ser una copia de algo, no sé, de Tom Cruise en versión tropical, de suspirar por los malls de San Antonio o considerar que Buenos Aires es una ciudad fea, viaje, para nada como Dallas o Miami.

Lo naco desvaloriza al que se le califica, pero devalúa al que lo hace. En Lima, Bogotá o Sao Paulo los jóvenes rechazan los colores brillantes (“son como de... indios”, me dijeron) con una expresión parecida a la que los chicos del DF tenían para la música norteña antes que Televisa la reciclara, la hiciera popular y se tocara hasta en antros de lujo.

Naco, calificar así, es una de las muchas caras del racismo. No se cura prohibiendo ni, mucho menos, con la estúpida idea de lo políticamente correcto. Se alivia haciendo consciencia, nada más... y nada menos.

lunes, 27 de julio de 2009

Sv Alteza Princesa Gato I


Gabriela Alegría, Sv Alteza Princesa Gato, es una escritora chilanga que vive en Colima. Escribe cuentos increíbles, maneja la teoría con soltura y hasta hace poco tuvo uno de los blogs más interesantes, polémicos y retadores de la red (lo que queda ahora es como uno de los muertos-vivientes).

Aquí va la primera parte de una entrevista, tal cual fue saliendo en el messenger.
--I--


tHE gOAT dice:
wey no tengo chamba ahorita y ya me aburrí ya entrevístame

The monster emerged from the morning mist dice:
por qué un blog?
muchos dicen que son el refugio de los looser, para otros, una especie de masturbación mental
aunque algunos más los consideran una forma nueva y poderosa de expresión
entonces, por qué un blog para ti?

tHE gOAT dice:
yo comencé con el mío buscando info acerca de Nachón, hace casi 6 años. entonces me topé con el blog de alfonso morcillo, La mente del asesino, y al principio no entendí muy bien de qué se trataba
con el tiempo le agarré la onda, y pues lo abrí principalmente porque siempre he vivido con la idea de que tengo cosas interesantes que ofrecer a otros y que la mejor manera, o la que mejor se me da es através de la palabra escrita

The monster emerged from the morning mist dice:
esa sería la diferencia entre un blog bueno y otro, digamos, normal, ofrecer cosas interesantes

tHE gOAT dice:
a veces era un desahogo, a veces era más como un diario, después se convirtió en una especie de diálogo con los lectores, pero este diálogo se fue viciando y al final no me gustó, y... me fui...

The monster emerged from the morning mist dice:
qué son las "cosas interesantes" que has ofrecido? interesantes para quién?

tHE gOAT dice:
pues creo que un blog bueno se caracteriza por contener cosas que pueden ser interesantes de manera universal, los blogs que son tipo diario no pegan a menos que estés dispuesto a contar cosas que nadie más contaría...

The monster emerged from the morning mist dice:
jeje, eso de "manera universal" me suena a propòsito de candidata de belleza, algo así como "la paz mundial"
en quién piensas cuándo escribes? vamos, tienes algún "lector ideal"?

tHE gOAT dice:
en mi respuesta de arriba está un poco la respuesta a tu última pregunta, posteaba cosas de literatura de teoría, eso movíaa gente que se interesa en las letras, cuando me ponía de indiscreta interesaba a los morbosos, cuando me encueraba interesaba a los calientes, había un poco de todo
pero te digo que el diálogo se fue viciando y entonces decidí cortarlo

The monster emerged from the morning mist dice:
sí, tienes razón, pero me gustaría que más que de manera conceptual, me describieras ese lector ideal

tHE gOAT dice:
pues mi lector ideal sería aquél que se interesa en las letras, quizá no para su estudio pero sí para su disfrute, alguien que no se espante y sepa diferenciar lo que es discurso y lo que es realidad, muchas veces confunden lo que leen e interpretan sin pensar que todo lo expuesto en un blog está dentro de un contexto intencional...
un poco de morbo, un poco de curiosidad
definitivamente mi blog no lo hice pensando en la media, siempre aspiré a que de llegar lectores a él, fuera gente con cierta educación, el pedo es cuando comenzó a llegar gente que en realidad no comprendía del todo el blog y se quedaban sólo en el oropel. desafortunadamente al final mi blog era sólo eso, oropel

The monster emerged from the morning mist dice:
o sea, que te ocurrió un poco de lotman en acción. al final, el resultado es diferente de lo que uno pensaba...
los lectores y su medio, aunque no nos guste, reconstruyen el texto

tHE gOAT dice:
exacto
es lo que hablabamos el otro día el texto se viste de lo que el lector le da, al fin y al cabo

The monster emerged from the morning mist dice:
a mí me impactaron muchas de las fotografías que publicaste por ejemplo sobre tu menstruación, pensé que decían mucho, pero suspuse que para algunos lectores --o la mayoría-- les iban a decir mucho de como te leen a ti, no tanto al mensaje en sí
si hicieras otro blog, qué harías diferente?

tHE gOAT dice:
creo que ya no haría otro blog
jojojojo
es que la única manera de que sea realmente tuyo es quedándose en lo privado

The monster emerged from the morning mist dice:
sí, eso, o de alguna manera, seleccionando tus audiencias

tHE gOAT dice:
eso cambiaría quizá, pero es imposible, nos gana la ansia de ser leidos, leidos en el sentido de descifrar

The monster emerged from the morning mist dice:
en cierta ocasión, la mamá de un amigo escritor le llamó para decirle: pepe, por qué te drogas? mi amigo le preguntó a su mamá que de dónde sacaba eso y ella le dijo: lo dices en uno de tus cuentos.
sí, mamá --le responde mi amigo-- y también digo que soy una vampira prostituta adolescente. por qué no me acusas de eso?

tHE gOAT dice:
jajajajaja, ves, la gente sólo lee lo que quiere, o en algunos casos lo que puede...

The monster emerged from the morning mist dice:
no te parece que a veces los lectores, sobre todo los "no entrenados" (ya sé, soy clasista y mamón) en realidad lo que buscan es un espejo para reflejarse ellos mismos?

tHE gOAT dice:
sí, eso me di cuenta muchas veces, por eso aprendí a no hacer caso de anónimos molestos, invariablemente critican lo que ellos no pueden ser o no se dan chance o bien lo que hay en ellos que les disgusta

The monster emerged from the morning mist dice:
oye, debo hacerte una pregunta obligada para esta entrevista...

tHE gOAT dice:
dime

The monster emerged from the morning mist dice:
qué onda con plaqueta? por què tanto alrededor de la autonombrada diva de la blogosfera?

tHE gOAT dice:
ps la neta me da acá que la pendeja no agarre la onda, me siento a veces con un deber moral, jajajaja, lo tiene todo, todo y no me refiero a lo que los pobres chimpancés que la siguen nunca van a tener, sino todo aquello que gente como yo y un millón más que podemos hacer lo mismo, pero no hemos tenido la chance, quisiéramos y a la pendeja se le va la vida en traumas y pendejadas, eso me saca de onda mucho, no entiendo como alguien se bajonea así, en lugar de disfrutar lo que tiene...
creo que a ella le pasó lo que a mí, sólo que ella nos se ha dado cuenta de que el vulgo ya se tragó su blog

The monster emerged from the morning mist dice:
a mí me parece que el discurso sobre los nuevos medios con sus oh! ah! maravilla! eh! es un poco como el traje nuevo del emperador. el día que tú cerraste tu blog y plaqueta tenía mil años hablando de sus boletos de metallica (y otros blogueros seguían publicando cosas como de revista) un cuate me decía que los nuevos medios eran revolucionarios...
lo son?

tHE gOAT dice:
la neta nel
porque al final llegan a la misma gente que ya desvirtuó los viejos medios
y terminan moldeándose para poder llegar

The monster emerged from the morning mist dice:
exacto, eres brillante
y en la vida real eres como en tu blog?

tHE gOAT dice:
jajaja soy peor dice éricka

The monster emerged from the morning mist dice:
jaja

tHE gOAT dice:
soy muy callada, más de lo que podrían pensar, con mis amigos soy el alma de la fiesta, y digo y hago muchas mamadas

tHE gOAT dice:
pero se me dificulta mucho hacer nuevas amistades o socializar por cumplir, no sé qué decirle a la gente


sábado, 25 de julio de 2009

No habrá paz

Tu puño atraviesa el cristal. Rompe de acuerdo con un patrón regular y predecible la hoja de ese material aparentemente sólido, pero que en realidad es un líquido súper denso.

Las astillas de vidrio no saben de física, de entropía ni de moral. Solamente están hambrientas, como traslúcidos vampiros enloquecidos por la cercanía de los tibios ríos carmesí de muñeca y antebrazo, se lanzan con sus miríadas de dientes semejantes a cuchillos con el espesor de unas cuantas moléculas y abren la carne orgullosa y viva que con su paso los liberó de su cárcel vítrea.

Uno, cien, mil cortes con intención, nada de ciego azar, devanan la piel y los músculos, seccionan nervios y tendones, hasta llegar a las palpitantes venas, a las gordas arterias, y en menos tiempo del que te lleva pensar que realmente no duele mucho, sorben, lamen, se atragantan de sangre.

Su mundo se vuelve rojo, metálico, lleno de visiones de sonrisas de niños, de carreras con perros, de lluvias y atardeceres que también alimentan —¿acaso podría ser de otra manera?— a los insaciables vampiros de vidrio que se empujan y lanzan dentelladas y gruñidos de dolor a sus congéneres que le arrebatan parte de los recuerdos y muestran sus fauces sangrientas y se revuelcan en esa vida que poco a poco deja de pertenecerte.

La sangre que arrastra esos jirones de recuerdos que son la esencia de la vida pierde impulso y el corazón da sus últimos latidos y se detiene precisamente como lo que es ahora, una bomba inútil sin nada que bombear.

Tu cerebro se alenta y alcanza a suponer que, al menos, viene la paz del olvido eterno, pero a punto de extinguirse ve cómo de entre las brumas se asoma el rostro abominable de la muerte.

Y gritas en silencio, en un último intento de negación, pues comprendes que no hay olvido eterno, ni mucho menos descanso, sino el terror insondable del infierno.

viernes, 17 de julio de 2009

Decálogo chilango

Soy chilango, hijo de chilangos y no tengo problema en serlo, ni en confesarlo. Creo que el chilango es el que vive en le Ciudad de México y que no vale la pena querer salvarse del calificativo aduciendo razones barrocas.

Sin embargo, también he tenido de viajar y conocer muchas ciudades de la República y algunas del extranjero y observar a mi propia gente con ojos de turista, por lo que con todo cariño y respeto he llegado a las siguientes conclusiones.

Hay algo claro. El mundo se divide en dos: nosotros y los demás. Por supuesto, nosotros estamos bien, somos buenos, hacemos las cosas de la manera correcta... en fin, somos la regla con la que se mide el mundo. Los demás, esos sí son el problema. No hacen las cosas bien, comen cosas asquerosas, tienen comportamientos aberrantes. ¡Quién los podrá arreglar!

Una vez establecido lo anterior, pasamos a lo que nos importa: El decálogo del verdadero chilango.

Primero. Nosotros somos el centro del universo. Fuera de México, toditito es Cuautitlán. Claro, las cosas pueden ser muy detalladas. Fuera de Satélite, de Coyoacán, de Santa Fe, de la Buenos Aires... Por supuesto, la verdadera naquez es decirlo, en voz alta, cuando salimos a provincia.
Segundo. Tirar basura. Los chilangos somos cerdísimos. Ensuciamos las calles, las casas de nuestros amigos, los baños... Por supuesto, esta naquísima conducta se acelera en provincia. Ensuciamos todo lo que podemos, entre más, mejor.
Tercero. Según un chiste, Jesús era chilango. ¿Por qué? Más de 30 años y vivía con sus papás, creía que su madre era virgen, siempre salía con sus amigos, invitaba el chupe en las fiestas, no se le conocía trabajo alguno y su mamá pensaba que su hijito era dios.
Cuarto. Al salir a provincia, el chilango utiliza camiseta sucia -preferentemente de tirantes- y carga bolsitas de plástico con sándwiches de atún, sardina o huevo.
Quinto. Nos fascinan los calcetines de vestir, tanto, que en cuanto podemos usar shorts o bermudas, los acompañamos con tenis o huaraches y, por supuesto, calcetines grises, azul marino o cafés.
Sexto. Los calcetines de vestir no se llevan con la ropa formal. Para ella, lo indicado son las calcetas blancas o las de figuritas de caricatura.
Séptimo. Como somos superiores, tenemos que hacernos notar. Para ello, nos tiramos pedos en los elevadores o gritamos ¡ya llegué! en el cine.
Octavo. Nos encanta decir groserías, guarradas, salvajadas, majaderías, coprofilias y demás en público, máxime cuando hay viejitas, parejas, niños o señores serios.
Noveno. La música se escucha a todo volumen. SI vamos en coche, el punchis-punchis debe retumbar; en el edificio, los Tucanes de Tijuana gritarán toda la noche; el walkaman debe tener audífonos tan malos que nos permitan escuchar los berridos luismigueleanos distorsionados en el metro.
Décimo. Nunca criticamos. Los chilangos de a de veras, echamos habladas, esparcimos rumores y, cuando nos confrontan, explicamos: no es cierto, mira, tal vez si dije que eras un hijo de tu reputísima, pero en realidad, lo que quería decir es que me caes muy bien.