miércoles, 22 de octubre de 2025

Unos amables cobradores

 "No compres a crédito, sobre todo si son cosas que no te urgen”, me decían unos. “Mejor saca una tarjeta de alguna tienda grande”, opinaban otros; gente juiciosa e inteligente me prevenía: "el dinero que te prestan ahora se lo robas a tu yo del futuro". Sin embargo, la advertencia que me parecía más ocurrente, y la que también ignoraba, era: “los cobradores de la tienda tal te chuparan la sangre, te quitarán el alma”.

Por supuesto, no hice caso a ninguno de estos consejos. Para empezar, mi pesimismo me hacía pensar que tal vez no habría futuro, y mi absoluta estupidez me había convencido que todo se arreglaba de una y otra manera. Además, me había obsesionado con cierto celular de alta gama y con mi sueldito y los compromisos familiares, la única forma de hacerme de uno era endeudándome. Por supuesto, eso no era tan sencillo.

Boletinado hasta en mi cuadra por deberle al de la tienda jamón, queso, pan y chilitos, por supuesto que las fuentes normales de crédito eran completamente inalcanzables para mí, y yo solo me amargaba cada vez más en el atestado microbús y el ruinoso metro en las dos y media horas de trayecto, tarde y noche, hasta mi trabajo y veía como gente que a mis ojos no me llegaba ni a los talones tenía celulares como el que yo quería, y la rabia me iba invadiendo, me quemaba las entrañas.

El punto de quiebre llegó una mañana en que iba tarde para el trabajo. Se subió al microbús una pareja de malandros enmascarados que al grito de “ya se la saben, celulares y carteras”, procedieron a desvalijarnos de nuestras cosas. Cuando llegaron conmigo les entregué mi celular.

La verdad, no estaba preparado para lo que siguió. El ladrón con máscara de payaso lo tomó con evidente asco, se lo mostró a su compañero con máscara de iguana y dijeron “este compa si que está fregado” y me lo aventaron en la cara.

Algo me poseyó en ese momento. Ya que avanzamos, unas cuadras más adelante, me bajé en la tienda tal, que prometía abonos chiquitos, servicios bancarios y créditos a “cualquier creatura con alma” (así decía su publicidad que en ese momento me pareció tremendamente ocurrente).

Me llamó un poco la atención que la tienda estuviera mal iluminada y que los empleados, aunque activos y entusiastas, se vieran pálidos y ojerosos. Uno de ellos se me acercó y me preguntó si me interesaba por algo.

Le dije del celular. Me lo mostró y en cuanto lo tuve en mis manos supe que tenía que ser mío. Sostenerlo me hacía sentir importante, interesante y hasta exitoso, como en la prehistórica canción de Los Tigres del Norte, me sentía “con mi celular en la mano, romano de la antigüedad”. Vi el precio y me pareció absurdo.

El vendedor, quien debajo de la colonia para después de afeitarse olía un poco a tierra y hojas descompuestas, tomó la tarjeta del precio y la aventó. “No se preocupe, usted tiene crédito con nosotros, no puede dejar de llevarse este aparato, se lo merece”.

Me habló de un plan de crédito a muchos meses, de intereses y me extendió un contrato a mi nombre. No dude en firmarlo. Cuando puse mi firma, de alguna manera me corté con el papel la yema del dedo y unas cuantas gotas de sangre mancharon el documento. En lugar de cambiarlo, el vendedor murmuró un “perfecto, perfecto”, me dio el celular nuevecito en su caja, lo metió en una bolsa llena de folletos y salí a la calle. ¡Ah! Incluso le añadió audífonos bluetooth, cargador ultrarrápido y carcaza megarresistente “grado militar”.

Cuando llegué a casa ignoré los reclamos de mi esposa, los gritos de los niños y los ladridos del perro,  me encerré en el baño para que no me molestaran, saqué el teléfono, lo encendí y mi vida cambió.

En unos cuantos días me ascendieron en el trabajo, empecé a ganar más y dejé de regresar al hogar. Pensé que mi esposa no era suficientemente bonita e interesante para una persona como yo y que mis hijos tal vez ni fueran míos, estaban muy flacos y feos para mí.

Pude hacer los primeros pagos con facilidad porque el dinero simplemente fluía, aunque después de hacerlos me sentía cansado y somnoliento, lo que atribuí a que el cobrador siempre llegaba en la noche.

Medio año después ya no pude pagar. Intempestivamente se me acabó el dinero, me quedé sin trabajo y supe que los hermanos de mi esposa, ambos boxeadores profesionales, me buscaban, seguramente para platicar amablemente conmigo

Los que nunca me perdieron de vista fueron los cobradores. Pero ya no eran amables y encantadores. Se habían convertido en criaturas de la oscuridad. Al principio pensé que no podrían entrar en el cuarto donde vivía porque no los había invitado, pero además de malignos eran abogados y me informaron que al firmar el contrato expresamente les había permitido llegar en todo momento a mí.

Cada vez tengo menos sangre, más dolor y menos ganas de vivir. Pero los cobradores son implacables, me dicen que seguirán viniendo por un tiempo tan largo como la eternidad que dure mi contrato de crédito.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Los juegos de Lily

Hay muchas nubes bajando por las montañas. Con suerte, y solo necesito un poquito, vendrá una tormenta de esas magníficas, ruidosas, con rayos y truenos que asustan a los más pusilánimes, pero no a mí. A mí no me asustan las tormentas, por el contrario, las espero con ansia. Por eso vine a vivir a esta colonia tan alejada de todo, pero cercana al bosque y a la sierra.

Empiezan a caer las primeras gotas, grandes y robustas, y en pocos minutos se desata el pandemonio. Los truenos se suceden casi ininterrumpidamente, las gotas golpean con fuerza el techo de lámina y las paredes y no permiten que se escuche nada más.

La tormenta arrecia y yo me adormezco. Sé que no debiera hacerlo, pero el cansancio es demasiado y me voy quedando dormido…

Ji ji ji ji, ji ji ji ji ji. Me despierta una risa suave, como de niña pequeña, pero que tiene un regusto a hierro oxidado. Ji ji ji ji ji. ¡No puede ser! La tormenta cesó y ahora solo cae una lluvia muy suave, que tal vez en otro momento, o en otra vida, podría calificar de gentil.

Ji ji ji ji (no te me escaparás, vengo por ti). Ji ji ji ji ji (aunque te escondas, ya te vi). La risita y la vocecita que no escucho con los oídos, sino que se instala en el centro de mi cerebro con la frialdad del hielo y el dolor de mil cuchillos, me ha alcanzado de nuevo.

No quiero abrir los ojos. Sé que no la veré, pero de todas maneras su imagen está en mi mente. Una cara de porcelana con ojos redondos, muy grandes, de un azul imposible; mejillas rojas; pelo natural que ahora se va desgastando como la paja vieja; manos como de bebé muerto y unos dientes afilados, de madre perla, con manchas que no pueden ser de otra cosa más que de sangre.

Lily es (o era, ya no sé) una muñeca bávara que compré en un impulso en un puesto de antigüedades callejero de Saltillo, Coahuila. Ese tipo de muñecas del siglo XIX y principios del XX, con sus vestidos de seda llenos de holanes y sus caras impávidas nunca me han gustado, pero supuse que la muñeca sería del agrado de Renata, con quien salía en esa época.

El vendedor, un viejo casi centenario me dijo que se llamaba Lily y que solo la llevara si estaba seguro de que la iba a cuidar. Pensé que se trataba de una artimaña para turistas, así que no hice mucho caso, pagué lo que me pedían y me la llevé. En el hotel la metí al fondo de mi maleta y prácticamente me olvidé de ella hasta que regresé a la Ciudad de México.

Renata y Lily se odiaron desde el primer momento. En una ocasión, Renata me dijo que la muñeca la había mordido. Por supuesto, no le creí y le di una explicación autosuficiente de que seguramente se había lastimado con algo.

Algunas noches después comencé a escuchar las risas durante la noche, particularmente cuando llovía suavemente. Ji ji ji ji ji (solo te quiero a ti). Ji ji ji ji ji (eres totalmente para mí). Renata también escuchaba las risas, pero el significado que ella percibía era mucho más oscuro; para ella, era jo jo jo jo (la muerte la entrego yo). Jo jo jo jo jo (tu vida ya terminó).

Así, hasta que una noche que llegué más temprano a la casa (por cierto, llovía con suavidad) y al abrir la puerta vi a Lily mordiendo el cuello de Renata. La sangre le salpicaba la cara y manchaba sus imposibles ojos azules. Recuerdo que golpeé con fuerza a la muñeca y pude meterla en un costal, mientras escuchaba su ji ji ji ji (no digas que no te lo advertí).

Renata estaba muy lastimada. La llevé al hospital, donde me detuvieron por presunta violencia doméstica. Cuando la curaron, Renata desapareció y a mí me soltaron por la providencial “falta de pruebas” y porque di cinco mil pesos “para trámites”.

Regresé a la casa. Esa noche se había desatado una tormenta en forma, con relámpagos, truenos y el golpeteo del granizo. Me asombró ver a Lily en completo silencio, con los ojos cerrados. Pensé que tal vez le tenía miedo a la lluvia y, aunque no lo crean, me dio lástima.

Hice una maleta con lo más elemental y me fui de la casa. Durante los primeros días las tormentas se sucedieron todas las noches, como ocurre en la Ciudad de México. Busqué dónde ocultarme y en un viejo manual sobre muñecas embrujadas leí que cerca del bosque podría ser una buena opción.

Así llegué a este lugar donde había vivido en calma durante tres meses, hasta que el otro día, uno de lluvia suave, escuché el ji ji j ji ji (¿quién crees que vino a ti?). Estaba cortando unos limones y me rebané un dedo por el sobresalto de escuchar la vocecita. En el centro de salud me suturaron y me vieron con cara de “pobre idiota”.

Ji ji ji ji ji (jamás escaparás de mí), escuché durante varias noches. Ji ji ji ji ji (cada vez estoy más cerca de ti). Afortunadamente empezaron las tormentas.

Hasta esta noche. Sé que Lily está cerca y que sus dientes están más afilados que nunca. Ji ji ji ji ji. Su risa eriza los vellos de mi cuello. Ji ji ji ji ji. Siento sus dientes que me van robando la vida…

martes, 14 de octubre de 2025

Un ángel vengativo

Siempre he trabajado con demonios. Los grandes, furiosos, llenos de fuego, son mis favoritos, pero no le hago el feo a los pequeños y negros, que te hielan el corazón y producen desesperanza; ni a los medianos, verdes, que producen los crímenes de la violencia, los celos y la furia.

Mi cercanía —familiaridad, de hecho— con belcebúes y beliales me viene por herencia. No estoy seguro, se ha perdido en la sombra de los siglos, pero entiendo que hace muchas generaciones algún antepasado hizo un trato divino, o satánico, no lo sé aún, y mi estirpe se convirtió en una especie de representante de los poderes del mal.

Así, he acompañado a diablos y diablitos en sus correrías por el mundo, llevando dolor y desgracia en todos los rincones de la tierra. Me he vuelto insensible al llanto de padres y viudas, de niños y abuelos. No me alegra, en realidad me da igual.

Sin embargo, desde hace unas semanas, un sentimiento extraño se ha apoderado de mí. Cuando camino por la calle, me detengo y volteo sobre su hombro porque en algún café o restaurante, dejo mis alimentos con la certeza de que están envenenados.

El terror se ha apoderado de mí.

Llegó de manera inesperada. Una tarde empezó a llover con mucha fuerza, como suele ocurrir en la Ciudad de México. Yo había salido a dar un paseo (en realidad, a acompañar a un par de demonios a llevarse al infierno a un adúltero golpeador que se gastaba la quincena en bares).

En el camino escuché un ruido que venía de una caja de cartón mojada. La curiosidad que dicen mató al gato en este caso lo salvó. Un animalito del tamaño de mi mano, empapado y aterido, me miraba lastimero.

Maldiciéndome, decidí rescatarlo. En mi casa, le di un poco de jamón, leche y le hice un nido para que se calentara. Ya, más noche, sentí como subía a mi cama y se acostaba junto a mí. Dormí muy mal, con pesadillas. Sentía a mi lado una presencia pesada, como de reptil que se iba apoderando de mí.

Esa sensación desapareció en la mañana, que fue un día atareado, pero extraño. No conseguíamos encontrar a ninguno de los condenados de la lista y, les aseguro, la furia del infierno por el trabajo mal hecho no es nada que quieras experimentar.

Llegué a mi casa. Olía extraño. Como a animal. Pensé que el gato había ensuciado, pero no. Todo estaba inmaculado. Luego, me imaginé que alguno de los demonios había ido a visitarme, porque algunos de ellos tienen mal olor, pero nada.

Solo estaba el gatito.

Que me veía fijamente, con esa cara de reproche que tienen todos los felinos.

Entonces, escuché su voz. “No me dejes, no te vayas, eres mío, solo mío”.

El gato iba tomando la forma de una mujer alta, delgada, gris, con piel de apariencia de reptil.

“Mío, eres mío”.

Sin pensarlo, me abalancé sobre ella y la tiré por la ventana. Vi cómo caía, pero jamás la vi llegar al piso.

Pensé que, de alguna manera, algún demonio estaba molestándome. Estaba equivocado.

Acudí con uno de mis contactos infernales. Palideció (sí, un demonio puede palidecer) y me dijo que estaba condenado. No era ningún demonio, por el contrario, era un ángel. Un ángel de la guarda, para más señas.

Ellos tienden a ser muy simples, muy elementales. Yo lo había rechazado desde mi nacimiento para dedicarme al empleo familiar, pero este en particular no había dejado de buscarme.

Me localizó, se convirtió en gato y la historia ya la saben.

Solo que este ángel no es bondadoso. Es un ser resentido, celoso, que se siente rechazado.

Y me hará pagar en vida el que yo me haya tratado de deshacer de él.

 

 

 

jueves, 4 de febrero de 2021

El maestro acongojado

 

Por Gabriel Páramo



Un profesor universitario se enferma. Uno más de los miles que viven en la precariedad que ha llevado, y en esto sí tiene la razón López Obrador aunque no haga nada por remediarlo, la insistencia en políticas neoliberales en México.

Update México, 23 de septiembre 2020 https://updatemexico.com/destacadas/el-80-de-profesores-universitarios-padece-precariedad-laboral/e

"Cercadel 80 por ciento de los profesores        universitarios en México padecen                    precariedad laboral, indicó Arturo Ramo,        representante en México de la Coalición          de Trabajadores Académicos Precarios            (COCAL, por sus siglas en inglés).

"La precariedad laboral afecta la calidad        de vida del personal docente y el                    desarrollo de los países estimó el activista y académico al anunciar el Décimo Cuarto Congreso de la COCAL que se llevará a cabo en el Sindicato Único de Personal Académico de la Universidad Autónoma de Querétaro en el año 2020.

“Un profesor que tenga estabilidad laboral, reconocimiento académico, condiciones de equidad se convierte en un factor que permite el desarrollo de las instituciones y pero fundamentalmente de las naciones”, apuntó. 

"Esquemas de contratación como los honorarios, que colocan a los docentes como prestadores de servicios y no como trabajadores de las universidades, orillan a los docentes a 'realizar las mismas tareas en diferentes instituciones' o incluso completar su jornada laboral 'con actividades que nada tienen que ver con su desarrollo profesional'. 

"Y es que, indicó el especialista, un estudiante no solo requiere una cátedra sino también acompañamiento permanente en asesorías, tutorías y actividades que complementan la formación". 

El profesor se enferma y tiene que recurrir a sus ahorros, a su tiempo y a la comprensión de sus jefes, porque en la práctica sus derechos laborales son mínimos. También debe recurrir a la solidaridad impresionante de sus alumnos de universidad pública (reconoce que gran parte de su carrera docente ha sido en instituciones privadas) que en realidad lo asombra y enternece.

Calidad educativa como precarización laboral: Edgar Daniel Ayala Torres, Universidad Autónoma de Tlaxcala https://www.redalyc.org/jatsRepo/270/27059273004/html/index.html

"En América Latina se dio un fenómeno general, una relación entre modelo económico, modelo ideológico e impacto con la realidad, lo cual afectó a varias de las diferentes estructuras que conforman la sociedad, puesto que se construyó una conceptualización, una instrumentalización y una ejecución del modelo neoliberal desde la década de los ochenta hasta la actualidad. En diferentes escenarios, este modelo se adaptó a los países latinoamericanos en su forma, pero guardando el fondo, a partir de la primicia: el mercado por encima del Estado. En este apartado, se realiza un análisis conceptual a partir del caso de México, mediante la reforma educativa de 2013, donde el neoliberalismo generó políticas públicas y reformas estructurales. Estas fórmulas fueron probadas como ensayo-error, en algunos países como Chile, Colombia y Brasil.

"La precarización laboral es solo una de las muchas desregularizaciones que ocurrieron en la transición del Estado de bienestar al Estado neoliberal."

El profesor va de un médico a otro. Empieza por los baratos porque, y la visión del presidente también acierta aunque no se comprometa, la medicina nacional está desvencijada. Empieza por lo que en redes sociales han dado en llamar “la seguridad social de los precarios” y va escalando, porque los males no saben de pobreza y requieren de especialidad.

Informalidad, precariedad laboral y falta de seguridad social, impiden disminuir contagios de Covid-19, María del Pilar Martínez, El Economista, 5 de mayo de 2020.

https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Informalidad-precariedad-laboral-y-falta-de-seguridad-social-impiden-disminuir-contagios-de-Covid-19-20200505-0062.html

"Dada la conformación del mercado laboral mexicano, en donde hay una alta informalidad; las condiciones críticas de empleo en aumento, y no se otorga seguridad social a los trabajadores, impiden disminuir los contagios y por ende el tiempo en que durará la pandemia de coronavirus en el país, expusieron investigadores y especialistas en la mesa 'Contexto mundial de la crisis y el mercado de trabajo' organizado por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

"Hay una correlación entre 'la reducción de la movilidad y la tasa de mortalidad; entre más reducen la movilidad la tasa de mortalidad va cayendo, y se ha reportado un efecto positivo en la paralización de las actividades económicas; no obstante, con una mayor informalidad, hay mayor tasa de contagios. Considerando las condiciones críticas de empleo, que no es otra cosa que la precariedad laboral aumenta la propagación de los contagios de Covid-19, e incluso nos lleva a que si el confinamiento tiene que durar más es por  estas condiciones del mercado de trabajo', dijo Carlos Alberto Jiménez-Bandala, de la Universidad La Salle".

El profesor se angustia, porque no solo el dinero no alcanza, sino que la pandemia se agudiza y el ISSSTE, que tan buen servicio tiene en internet, no tiene citas para gente como él y hay que esperar, sin importar si se acaban los contratos interinos o no y las quincenas se convierten en meses.

Pacientes de enfermedades crónico-degenerativas, sin medicamentos y sin citas en el ISSSTE, por Gabriel Soriano, Tomado de lja.mx, de Aguascalientes, 4 de agosto de 2020.

https://www.lja.mx/2020/08/pacientes-de-enfermedades-cronico-degenerativas-sin-medicamentos-y-sin-citas-en-el-issste/ 

"Pensionados y jubilados denuncian que en el ISSSTE también hay un desabasto de medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas y se han reprogramado las citas para la atención de jubilados con meses de diferencia, retrasando así que sean canalizados a otras áreas más especializadas. Dicen entender la situación por la que pasan los hospitales debido a la pandemia del Covid-19, pero piden que no se descuiden a los enfermos crónicos.

"Son constantes las quejas que hay en las distintas instituciones de salud debido a la falta de medicamentos. Aunque las voces que más han sonado son la de familiares de pacientes con cáncer, la realidad es que son más claves las que siguen haciendo falta en las farmacias, incluso en medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas.

"En el caso del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), el Comité Estatal de la Coalición de Jubilados y Pensionados señaló que en gran parte de enfermedades crónico-degenerativas no ha habido un abasto suficiente de medicamentos pues estos se reparten minutos después de que llegan. 

"María de Jesús Rangel Velázquez, miembro del Comité, denunció que en el hospital también se está rezagando la atención a los pacientes para darle seguimiento a sus enfermedades ya que se les continúa reprogramando sus citas hasta por medio año.

“'Si ahorita, en tiempo de Covid-19, no deben tampoco descobijar la atención a pacientes de tercera edad que padecemos enfermedades crónico-degenerativas', señaló la profesora jubilada.

"Comparado con el costo de medicamentos de cáncer, los destinados al tratamiento de estas enfermedades son menores. Sin embargo, Rangel Velázquez puntualizó que las pensiones que reciben los maestros son raquíticas y que apenas alcanzan para el día a día: 'Esta crisis de desabasto no tenemos por qué pagarla los derechohabientes'. Medicamentos destinados al tratamiento de la artritis reumatoide, diabetes, hipertensión arterial son los que están faltando.

"Uno de los jubilados dijo que está en espera de que sea canalizado a una atención de tercer nivel debido a que ya ha presentado problemas en los riñones debido a que por años ha tomado medicamentos para el tratamiento de la radiculopatía lateral derecha".

Por si fuera poco, el profesor universitario se preocupa. Su muy de izquierda, y deteriorado, corazón no quiere que las críticas al gobierno de la 4T se interpreten como espaldarazo a la derecha, pues además de sus males, el profesor está preocupado por el resurgimiento del fascismo en el mundo y, en particular en México.

Si antes fue El maestro equivocado, el profesor universitario enfermo sería ahora El maestro acongojado.

domingo, 13 de septiembre de 2020

 

Reflexiones sobre un regreso a clases nada normal

Para Valentina Páramo

 

Por Gabriel Páramo

 

I

Regresar a clases en tiempos de pandemia es uno de los mayores retos que como sociedad enfrentamos en estos días. Para empezar, significa encararnos a algo nuevo, a algo que no habíamos visto en nuestras vidas. Los tiempos post y durante pandemia son inéditos y la campaña de “regresar a la nueva normalidad” se ubica en el mismo plano de “tu perrito ahora juega con otros perritos en una granja enorme” o “tu abuelita te mira desde el cielo”. Suena bonito, resulta esperanzador, pero es falso y encubre una realidad mucho más siniestra.

Creo que la vida urbana, como la conocíamos antes, está sufriendo un cambio brutal. A lo que “regresaremos” es a un nuevo mundo, diferente y más complejo, un nuevo mundo al que seguramente nos adaptaremos y, con el tiempo, tal vez obtengamos beneficios, pero de momento el resultado son pérdidas.

II

La pandemia nos tomó mal preparados. Un sistema de salud desecho, una economía deteriorada y poca confianza en nosotros como sociedad. En el ámbito educativo por supuesto la situación es similar. A millones de niños y jóvenes en edad escolar que no asistían a la escuela, o lo hacían en condiciones deplorables, sumaremos el hecho de la necesidad de la educación a distancia. Simplemente, no estamos preparados tecnológicamente para ella, pero es necesario emplearla.

Cierta universidad pública que estimo pide a sus aspirantes que se aseguren de tener una conexión suficiente y estable durante el proceso del examen de selección. Dejando aparte la gran cantidad de gente que no tiene acceso a ningún tipo de red, pedir que los aspirantes se responsabilicen de eso es como pedir a la gente que no se exponga a ningún agente cancerígeno en toda su vida. Simplemente es algo que está fuera del control no solo de los individuos, sino de muchas instituciones en el actual modelo social.

Las universidades carecen, en su mayoría, de redes suficientes y confiables. Los individuos también y no me imagino pidiendo a Telcel o al maléfico Soros que por favorcito no sean gachos y de perdida cumplan con el servicio que estén pagando y que la red no se caiga o satura mientras hacen su examen.

III

Por otro lado, tenemos el mismo regreso a las aulas. Los planes de sana distancia suenan bien bonitos precisamente por su irrealidad. Salones con poquita gente, separados, con limpieza profunda después de clase, áreas ventiladas… cuando la mayoría de las escuelas carecen de papel de baño o jabón.

Conozco gente inteligente, preparada y sensata que ha decidido que sus hijos e hijas dejen de estudiar en los sistemas escolarizados al menos durante el siguiente ciclo escolar. Los jóvenes seguramente podrán aprender mucho por su cuenta, pero por desgracia no tenemos un sistema educativo que valore esos conocimientos. O en la escuela o fuera de ella.

Creo, también, que es momento de reflexionar acerca de las prisas por volver a las escuelas y de darnos cuenta que lo educativo no es el único factor. En un país donde los sistemas de apoyo a las familias, si no son internos (familiares), no existen, las escuelas son también el lugar donde los hijos pueden estar al menos durante parte de las largas horas de trabajo y traslado de padres y madres. No es la función de las escuelas, claro, pero es la realidad.

lunes, 25 de diciembre de 2017

El Sol, segunda parte


“…si semos hijos,
no entenados de la Patria…”
Soy zapatista del estado de Morelos (Marciano Silva)


Como hace tantos años, Tlaltizapán me sigue pareciendo el Sol, que ahora se concentra en el crucero de Cuatro Caminos. Emiliano Zapata, ubicuo en el pueblo que fue su cuartel general, mira desde su pedestal a los empleados de la gasolinería, a los del Oxxo, a los del Banco Azteca, y seguramente piensa que hizo falta más revolución para liberar a esos jornaleros del servicio al cliente. Le pregunto a Laura, la empleada de rojo, chamarra y cara de absoluta fatiga, si van a trabajar mañana (25 de diciembre) y me responde que mañana y todos los días, turnos de 24 horas si faltan los compañeros, y ahora más, que la gente viene a comprar y comprar.

Las empleadas se despiden de Valentina, a quien han visto crecer; salimos a los invernales treinta y tantos grados morelenses (adentro de la tienda han de estar como a 15 grado, para descanso de los asoleados semituristas llegados de la Ciudad de México, Chicago o Saint Louis, muchos nacidos por acá, pero aclimatados por allá) y vamos al banco, que está repleto, sobre todo de gente que va a retirar las remesas navideñas que les mandan “del otro lado”. Los empleados también trabajarán, desde las 10, al día siguiente; mientras, hay que seguir trabajando duro, para que los dueños sigan disfrutando de un nivel de riqueza que ni los millonarios porfiristas soñaron. Los negocios familiares, salvo los de comida, avisan que cerrarán el 25.

Como desde el teclado puedo ver el futuro, sé que hoy y mañana estas carreteras llenas de hoyos porque el presidente municipal (priista) es un ratero, pero la gente ya sabía y a pesar de todo votó por él, estarán repletas de vehículos mal manejados, con placas de Guerrero, DF, EdoMéx o Morelos: demasiada cerveza para estas carreteritas, este calor y este sol. Además, decenas de balnearios populares añaden su cuota de peligro al camino, pues la gente que deambula asoleada por la orilla de la carretera –sería burla llamarlo acotamiento– de repente aparece frente al auto, o frente al camión cañero, pues estamos en plena zafra invernal.

El tianguis, ahora es lunes 25, en el centro de Tlaltizapán está tan vivo como siempre. No hay central de abastos y el mercado municipal era y sigue siendo un mugrero pequeñito y oscuro, donde se vende la mejor carne del estado y un pollo  por el que los milennials pagarían bastante si en lugar de ponerlo amontonado sobre la base de piedra del mostrador, lo etiquetaran como gluten free, organic, raised in farms y otras cosas absolutamente normales en los pueblos, pero que en inglés, y recomendadas por alguna celebridad del show bizz, les saben mejor.

Voy de regreso a uno de los Temilpas. El olor a cecina y el sonido de la orquesta de viento que se cuelan de casas y centros comunitarios me recuerdan que estoy acá mismo, en uno de los centros de la ya más que centenaria revolución, pero con caudillos aún vivos, como me lo hace ver Vale cuando digo que mi General, en la estatua de Cuatro Caminos, me parece gordito:

“Mira, mamá, lo que dice mi papá; dile que Emiliano se va a enojar”, me acusa la bisnieta de generales zapatistas.